Cómo usar las métricas de Instagram con mirada estratégica
"No tuvo alcance. Seguro fue el algoritmo." Lo escucho seguido. Como si la falta de resultados fuera siempre culpa de una fuerza externa, arbitraria, que decide a quién mostrarle qué. Y ojo, no estoy diciendo que el algoritmo no influya. Claro que lo hace. Pero muchas veces, culpar al algoritmo funciona como una excusa que evita hacernos la pregunta incómoda: ¿qué dice realmente lo que muestran (o no muestran) nuestras métricas de Instagram?
Porque mientras se le atribuye todo al sistema —que cambió, que castiga a los posteos con texto, que ahora prioriza otra cosa—, muy pocas marcas hacen el ejercicio de introspección: leer los datos con honestidad, detectar patrones, asumir que algo de lo que estamos haciendo tal vez no está conectando como creemos.
Y lo paradójico es que muchas veces se está publicando bastante. Incluso probando cosas nuevas, formatos nuevos, reels nuevos. Pero se sigue mirando los resultados de manera superficial. Como si fueran un pulgar hacia arriba o hacia abajo. Una señal binaria de éxito o fracaso. Y no.
Las métricas de Instagram no son una tabla de posiciones. Tampoco un simple informe técnico para ver cuántos likes sacaste esta semana. Son el reflejo de cómo una marca se está mostrando, cómo está siendo interpretada y qué tan bien (o tan mal) está conectando con su comunidad. Pero claro, si se las trata como un decorado del equipo de marketing, lo que sigue no es análisis, es ruido.
Los números no son propiedad del marketing
Una marca publica una historia. ¿Y qué está mostrando en realidad? No solo una pieza visual. Está mostrando una decisión. Una postura. Una identidad. Está generando —aunque no siempre lo note— una expectativa en su audiencia.
Por eso, seguir ignorando lo que dicen las métricas es como manejar con el parabrisas tapado. Las métricas deberían ser insumo estratégico para todo el equipo: marketing, sí, pero también producto, atención al cliente, diseño, dirección. ¿O acaso el resultado de cómo se comunica no es también el resultado de cómo se piensa, se ejecuta y se sostiene una marca?
No es mirar los datos. Es saber qué te estás preguntando
Las métricas de Instagram muestran montón de datos. Pero si no sabés qué querés ver, todo se vuelve ruido. Alcance, interacciones, guardados, clics… ¿cuál es relevante para vos? Depende. Pero lo que no puede pasar es que mires sin intención. O peor, que no mires.
- Alcance: ¿llegás a nuevas personas o le hablás siempre al mismo círculo?
- Interacciones: ¿tu contenido genera una reacción o pasa de largo?
- Clics: ¿hay un paso más allá del contenido?
- Guardados y compartidos: ¿estás diciendo algo que vale la pena recordar o compartir?
No es seguir una métrica como si fuera una meta. Es entender qué patrón te está mostrando. Qué historia están contando esos números sobre vos.
La fantasía del dato aislado
Una métrica por sí sola no dice nada. El engagement de una sola publicación no define la relación con tu comunidad. Pero cuando ves los patrones —a lo largo del tiempo, entre distintos tipos de contenidos, formatos y objetivos— empieza a emerger algo valioso: conocimiento.
Ahí es donde las métricas se vuelven estrategia. No cuando buscás el "qué funcionó", sino cuando entendés por qué funcionó y qué significa eso para la construcción de tu marca.
¿El problema? Seguir buscando recetas
El reel milagroso. La hora exacta para postear. El diseño que asegura más guardados. Las soluciones mágicas para todo. No existen.
Las métricas no están ahí para darte certezas. Están ahí para ayudarte a pensar. Para que ajustes, para que veas, para que entiendas. Si pretendemos que nos den la respuesta exacta sin hacer el trabajo previo de estrategia, vamos a seguir girando en círculos.
Leer métricas es leer cultura de marca
Una marca que mira sus métricas con inteligencia no es la que persigue el número perfecto. Es la que está dispuesta a ver en esos datos los síntomas de lo que está pasando con su propuesta, su mensaje, su posicionamiento.
Medir, entonces, no es controlar. Es escuchar. Es ajustar. Es aprender.
Y las marcas que aprenden —con intención, con contexto, con visión— son las que terminan construyendo algo que vale la pena.
Por Lisandro Iserte