Análisis FODA: el ejercicio que me enseñó a pensar con estrategia

Cuando empecé a trabajar con marcas, todo era bastante caótico. Cada cliente quería "hacer algo en redes", "mejorar la imagen" o "vender más", pero sin claridad de rumbo. Todo era acción sin diagnóstico. Hasta que alguien me tiró una frase que me quedó grabada: una estrategia sin análisis es solo entusiasmo bien maquillado. Ahí conocí el análisis FODA. Y lejos de ser un cuadro aburrido con siglas en mayúscula, se convirtió en una herramienta concreta para ordenar la cabeza, los recursos y los planes. No solo para mis clientes: también para mi propio proyecto.

El primer paso: dejar de adivinar y empezar a mirar

Un buen FODA empieza con una pausa. Con frenar el impulso de "hacer cosas" y mirar con honestidad:

  • ¿Qué estamos haciendo bien?

  • ¿Dónde estamos fallando?

  • ¿Qué oportunidades hay afuera que todavía no vimos?

  • ¿Qué amenazas se están gestando en silencio?

No es introspección zen. Es data, observación y pensamiento estratégico.

Y cuanto más honesto seas en las respuestas, más útil va a ser el mapa que te dé.

Fortalezas y debilidades: sin ego, pero sin falsa modestia

Uno de los grandes errores al hacer un FODA es ser políticamente correcto. Se llena el cuadrante de fortalezas con lugares comunes ("trabajo en equipo", "pasión por lo que hacemos") y se anotan debilidades vagas que no comprometen a nadie.

Pero el verdadero valor del FODA está en atreverte a decir las cosas como son.

Tenés que preguntarte:

  • ¿En qué sos realmente mejor que otros?

  • ¿Qué hacés que no muchos pueden replicar?

  • ¿Y qué te está costando? ¿Qué evitás mirar?

No es para castigarte, ni para agrandarte. Es para tener un mapa real, no un cartel de motivación.

Oportunidades y amenazas: leer el entorno (antes de que te pase por arriba)

Afuera las cosas cambian. Cambia el consumidor, la tecnología, la competencia, la economía, todo.

Y si no estás mirando activamente eso, te enterás tarde.

La parte externa del FODA te obliga a levantar la cabeza y mirar más allá de tu ombligo:

  • ¿Qué tendencias podés aprovechar?

  • ¿Qué cambios de comportamiento pueden beneficiarte?

  • ¿Qué movimientos de competidores podrían complicarte?

Este ejercicio, bien hecho, te permite anticipar en lugar de reaccionar.

El FODA no es un PowerPoint: es una brújula

Una vez que tenés los cuatro cuadrantes claros, viene lo mejor: cruzarlos para pensar estrategias.

  • ¿Qué oportunidades podés capitalizar con lo que ya hacés bien?

  • ¿Cómo podés defenderte mejor ante amenazas con tus fortalezas actuales?

  • ¿Qué debilidades te impiden crecer y qué deberías mejorar para estar listo cuando llegue una oportunidad?

No son preguntas para una reunión de fin de año. Son el punto de partida para un plan real.

Y ese plan tiene que traducirse en acciones, no en frases de consultoría.
Con fechas, responsables y métricas. Si no, es diagnóstico sin tratamiento.

Hacer un FODA me ayudó a pensar como estratega

Antes, planificaba desde la urgencia. Ahora, cada vez que siento que una marca está perdida (propia o ajena), vuelvo al FODA.

Es simple, pero profundo. No necesita software caro. Solo cabeza, honestidad y compromiso para convertirlo en decisiones.

Porque cuando entendés dónde estás parado, dejás de improvisar y empezás a dirigir.

Y eso, en el mundo del marketing, es una ventaja competitiva que no siempre se ve… pero se nota.

Publicado originalmente el 7 de mayo, 2025
Actualizado el 2 de agosto, 2025
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